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miércoles, septiembre 24, 2014



El mundo que nos rodea huele a basura fértil, decía Mario Benedetti.  

Empiezo con un oxímoron porque en la mayoría de países y de modelos de desarrollo, estamos educando a los niños y niñas del mundo a ver el planeta como un commodity.  Estamos enfocando su atención en la tecnología, en la creación de valor a partir de la acumulación y de espaldas a lo básico.

La basura no es basura, son desechos en -al menos- 86% y son fértiles (desde fuente de generación de energía, compost y fertilizantes,  hasta nuevos productos).

De hecho, cuando hablamos de concienciación ambiental o bien nos quedamos en lo epidérmico o bien sufrimos la paradoja de la información (mientras más se sabe de algo -como el cambio climático- menos se sabe qué hacer para resolverlo).

Circa abril 2014,  el IPCC –Panel Intergubernamental para el Cambio Climático, por sus siglas en ingles- publicó el reporte AR5 cuya principal conclusión es que el cambio climático es –sobretodo- de origen antropocéntrico.

“Es sumamente probable que la influencia humana haya sido la causa dominante del calentamiento observado desde mediados del siglo XX.”

Los hombres y mujeres somos los responsables del calentamiento del planeta.  Y, ¿qué hacemos?  Poco, en realidad.  Pues nuestro formato social premia el consumismo; y castiga, con la indiferencia o la burla, la compra consciente.

Hacemos poco cuando los medios masivos, los mainstream, construyen consentimiento a favor de las corporaciones y el consumismo; y controlan el debate de la problemática ambiental.

Hacemos poco cuando, en Ecuador, 8 de cada 10 empresas no tiene estudios de impacto ambiental -según data del INEC-.

Hacemos poco cuando, a los esfuerzos del MAE y del gobierno, respondemos con notas altisonantes. 

En este punto comparto una epifanía.  Porque la actitud (y gestión) de los medios, los consumidores, los empresarios es un síntoma.  No es el problema.  Como el cambio climático.  El calentamiento global es como la fiebre en un niño, escuché esta metáfora de José Javier Guarderas.  

El cambio climático es como la fiebre; dónde la fiebre no es la enfermedad… es el síntoma de alguna enfermedad.

El cambio climático, el calentamiento global, es el síntoma de una mayor enfermedad en el planeta.  Y según el IPCC, somos nosotros -ustedes y yo- los principales responsables de la enfermedad.  En este punto recuerdo a Jonas Salk.

El inventor de la vacuna de la poliomielitis, Jonas Salk dijo: "Si desaparecieran todos los insectos de la tierra, en menos de 50 años desaparecería toda la vida. Si todos los seres humanos desaparecieran de la tierra, en menos de 50 años todas las formas de vida florecerían".

Somos nosotros -ustedes y yo- los principales responsables del cambio climático.  Cuando deforestamos, no reciclamos, no ahorramos agua, conducimos 1.5 kms el vehículo movido por combustible fósil, cambiamos la tecnología cada 18 meses, compramos, vendemos, consumimos…

Somos, ¿una sociedad insostenible?

Tengo una hipótesis que compartir.  Pero antes, les cuento una historia.   Jakob von Uexküll, un biólogo y filósofo ruso, desarrolló una teoría a finales de la década de 1920s que sostenía que los distintos organismos vivos percibían un  mundo circundante diferente a pesar de vivir en el mismo entorno.

Por ejemplo las vacas tienen un sexto sentido que nosotros no tenemos.  Como los corzos, los ciervos o las abejas, las vacas se alinean con el norte magnético de la Tierra.  Nosotros y las vacas compartimos el mismo planeta pero su percepción del mundo es diferente al nuestro.

Otro ejemplo son las aves.  Compartimos el mismo planeta pero nosotros vemos sólo 360 colores mientras que las aves son tetracromáticas y alcanzan a ver colores en el rango UV.

La palabra en alemán que describe la tesis del ruso Uexküll es umwelt y su  traducción es `el mundo circundante´.

El umwelt de las vacas incorpora una brújula congénita.  El umwelt de las aves incluye un espectro de luz más amplio que el nuestro. Y el umwelt de los seres humanos excluye la naturaleza.

Esta es mi hipótesis:  nuestro mundo circundante no incluye la naturaleza por eso no le prestamos atención.

Un antropólogo cultural sostiene que aquello que controla nuestra atención, controla nuestra vida.  Y Rick Hanson, en su obra Buddha´s Brain, sostiene que “la atención diseña el cerebro”.

Por ejemplo una persona pesimista verá al entorno y sus como personal (y dirá “siempre me pasa a mi”), preocupante (y dirá “cada día es peor”) y permanente (y pensará “esto nunca va a cambiar”).  Pero es posible cambiar esa narrativa, basta con cambiar el foco de atención.

¿Fácil? Difícil.  Porque la atención está intrincadamente conectada con nuestras cableado neuronal básico, el de la supervivencia.

Otro ejemplo de la influencia del umwelt y la atención es el estudio del psicólogo Nisbett.  Richard Nisbett mostró unas escenas de mar bajo el agua a un grupo de estudiantes estadounidenses y otro grupo de asiáticos,  y luego les preguntó qué habían visto.  Los estadounidenses comentaron sobre peces grandes nadando entre peces chicos; los asiáticos comentaron sobre los peces y las rocas y las algas.  ¿La conclusión del estudio? Los estadounidenses tienden a ver las cosas apartadas, aisladas.  Los asiáticos se enfocan en las relaciones de las cosas.

Vuelvo al principio:  estamos educando a los niños y niñas del mundo a ver el planeta como un genérico con escaso valor. Estamos enfocando su atención -nuestra atención-  en la tecnología, en la creación de valor a partir de la acumulación y de espaldas a lo básico.

Desde la era industrial, en adelante, el umwelt de la mayoría de los seres humanos excluye el planeta.  Desde entonces, y más a partir del 2009, la población mundial es mayoritariamente urbana, tecnológica, consumista.

Hemos dejado de escuchar al planeta.   Pero está cambiando. 

Un estudio de Nielsen realizado en 60 países a 30.000 consumidores reveló que las empresas con promesas de responsabilidad social o sostenibilidad (ambiental) tuvieron un incremento del 2% en sus ventas promedio anuales (con respecto al año anterior).  55% de los consumidores del mundo están dispuestos a pagar más por un producto o servicio de una compañía comprometida con impactos positivos en lo social y ambiental.

Dos ejemplos internacionales de empresas cuyas ventas crecen por su compromiso social:  Toms Shoe Company y Warby Parker.  La primera, Toms, entrega gratis un par de zapatos por cada par que vende.  Hasta ahora, ha entregado más de 20 millones de zapatos.  Y Warby Parker entrega un par de lentes a quien los necesite y no pueda comprarlos por cada par de lentes vendido.  Ya entregó un millón de lentes gratis… la mitad de ellos, el año pasado.

Pero, ¿por qué Blake Mycoskie, dueño de Toms, regala zapatos?  Un día él viajó a Argentina por vacaciones y se conmovió con la pobreza.  Por eso regresó a EE.UU. con el compromiso de volver a Argentina y hacer algo.  ¿Fin de la historia? creó una empresa de calzado bajo el modelo “uno por uno”… Mycoskie incorporó la pobreza en su umwelt. 

Ahora, por oposición, ¿qué sucede cuando un umwelt personal si incluye al ambiente?

Inés Manzano creció rodeada de naturaleza.  Disfrutó de bañarse en los ríos de Vinces -provincia de los Ríos-, vivió de cara al Estero Salado (en Guayaquil) y veía al oso perezoso en acción junto a la carretera camino a las haciendas familiares.    Hoy, Inés es abogada ambientalista y presidenta  del Consejo Empresarial para el Desarrollo Sostenible.

Gustavo Manrique creció rodeado de naturaleza.  Estudió agronomía en la EARTH.  Ahora, Gustavo es presidente de SAMBITO    -una consultora ambiental-, co-creador de los Premios LatinoAmérica Verde y co-creador de CIMA y CIMA Kids.

¿Qué sucede cuando un umwelt si incluye al planeta?  Sucede que su atención incluye al planeta, que su acción incorpora la responsabilidad ambiental, y que su sensibilidad social es elevada.  Ejemplos locales hay muchos:  Lorena Tapia en el Ministerio del Ambiente, Bianca Dáger en SAMBITO; Andrés Fernández en Granito de Arena, Martín Ayala en Activa Verde (el programa de responsabilidad ambiental de  TransferUnion), Supermaxi y el MAE en el plan de reducción de fundas plásticas tipo camiseta, Pyka con su programa “Con Pyka recicla”.

Si nuestro mundo circundante incluye a la naturaleza… le prestaríamos atención. 

Bukowski dice que la gente es extraña.  Que se enoja por temas triviales pero a temas de mayor importancia casi no le prestan atención. 


¿A temas de mayor importancia, como cuidar el planeta, la gente casi no le presta atención?  Creo que no lo tiene presente.  No forma parte de su mundo circundante.  Y esa es la tarea que debemos empezar ya.

viernes, mayo 23, 2014


Publicado en la revista Alfa & Gamma.

Érase una vez…

… un libro llamado The Storytelling Animal.  Escrito por Jonathan Gottschall.  La tesis principal es que la mente humana cede ante las historias.

Los cuentos, relatos, historias, cautivan más que los datos, las cifras y los hechos.  Es más, detrás de su marca favorita existe una historia.

Por ejemplo TOMS Shoes.  Esta es su historia:  Érase una vez un planeta dónde millones de hombres y mujeres eran pobres.  Cada día,  en muchos países, los pobres no tenían cómo alimentarse bien, no tenían acceso a servicios básicos, ni tenían acceso a vestuario.  Un día, el emprendedor Blake Mycoskie viajó a Argentina por vacaciones y se conmovió con la pobreza.  Por eso regresó a EE.UU. y creó una empresa de calzado bajo el modelo “uno por uno”.  Desde entonces, TOMS entrega gratis un par de zapatos por cada par que vende. 

Hasta ahora, TOMS ha entregado más de 20 millones de zapatos.  Pero lo que más llama la atención es la historia.

Creo que la falta de historias es lo que aun no permite un enlace emocional más estrecho entre las marcas y el cuidado ambiental.

Saber que somos más de 7 mil millones de habitantes, que la biocapacidad del planeta se extingue aceleradamente, que pronto necesitaremos otro planeta para extraer recursos y depositar desechos no han sido más que cifras, datos, hechos.

Necesitamos más relatos de agentes de cambio.   Necesitamos más héroes como  Malala Yousafzai, Neil Harbisson,  Nelson Mandela,  Leymah Gbowee, Wangari Maathai, Yvon Chouinard o The Elders.

Y necesitamos más gente contando su historia.

Los cambio comportamentales necesarios vienen de la mano de relatos.   Ese es el reto de marketers y marcas.  Por cierto, leí un texto de Joseph Campwell.  Decía que no estamos en una jornada para salvar al mundo sino para salvarnos a nosotros mismos.  Y al hacerlo, salvar el mundo. 

¿Qué tal así?  Había una vez un planeta limpio, hospitalario, feliz llamado Tierra. Cada día la vida de animales, plantas y personas florecía, se desarrollaba, y crecía en este planeta.  Un día las personas empezaron a usarlo de basurero.  Por ello, las plantas y los animales empezaron a desaparecer.  A morir.    Por ello la vida en ese planeta se volvió insostenible.  Hasta que finalmente…
…y este es el final que nos hace falta.

Hay algo interesante en la sostenibilidad.  En realidad, en todas las cosas.  Es una tesis que estoy desarrollando.  Esta es la historia:  Circa 1920, Jakob von Uexküll, un biólogo y filósofo ruso, desarrolló una teoría… que los distintos organismos vivos percibían un  mundo circundante diferente a pesar de vivir en el mismo entorno.  La palabra que resume esa teoría es umwelt.  Pues bien, nuestro umwelt –generalmente- no incluye al planeta.

Otra historia.  Conversé con Inés, abogada ambientalista y presidenta CEMDES, porque quería comprobar la tesis del umwelt.  Me contó que desde pequeña su vida estuvo rodeada de naturaleza, idas al campo, bañarse en ríos, leer revistas National Geographic… su umwelt siempre tuvo al planeta presente. 

Bukowski dice que la gente es extraña.  Que se enoja por temas triviales pero a temas de mayor importancia –como desperdiciar la vida- casi no le prestan atención. 

¿A temas de mayor importancia, como cuidar el planeta, la gente casi no le presta atención?  Creo que no lo tiene presente.  No forma parte de su mundo circundante.

Otro ejemplo.  Esta la historia de Gustavo.   Él preside una consultora ambiental y ha creado CIMA, CIMA KIDS y coparticipó en la creación de los Premios LatinoAmérica Verde.  Su umwelt, desde niño,  siempre tuvo al planeta presente. 

Para Inés, para Gustavo, no fueron las alarmantes cifras de incremento de la temperatura planetaria las que los motivó a vincularse a la defensa del planeta.  Fueron sus historias personales.

Debo decir que esas son dos historias, de muchas más, de agentes de cambio locales.


Ahora cuénteme… ¿cuál es su historia?

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